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Guerra del Litio


Fue peligrosa y letal cacería en un paraje hostil y desolado, se batieron serenos dos soldados, contra cierto demonio cruel y alado.

Los combatientes mostraron arrojo, al engendro con nombre prohibido,

-Adicto- les destilaba sus miedos y aullaba las penas de engendro herido.

De aquella espalda colgaban dos alas una escamosa, otra de rosa pluma sonaba a cascabel su cola verde al rugir sus fauces fuego en la bruma.

Creador de laberintos de insomnio,

soplaba siempre un aliento asesino,

gustaba matar ráfagas de amores,

morder sexos y perforar ombligos.

Para enfrentar ambos a su destino,

en la desigual y brutal batalla,

y para no morirse olvidados,

al fin dieron los héroes su talla.

Li T´i Hö creó un duelo sonoro,

destruyó al demonio sin anestesia,

de su trompeta brotaron las cápsulas

que disolvieron encantos y amnesias.

Lamotrigina le cubre la espalda,

del maligno que se arrastra voraz,

con su lanza rota mil letras grita,

sólo con ella conjura el veneno.

Así en su furioso y final intento, abrumado por las fiebres calientes quiso el alado detener el tiempo, lanzando tres carcajadas dementes.

De tanto ofrendar la sangre maligna, por los altares que peregrinaron, pidieron consejo a sabios hebreos: "unan las almas al verbo" dijeron.


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